PRIMERO DE ENERO

 Un año muere para que uno nuevo pueda nacer...
    Tucumán. Último día de diciembre.
Las gentes se reúnen la noche del 31 y aguardan expectantes la llegada de las 12. Combinan sus blancos atuendos con lo oscuro de sus pensamientos.
 Bacanales orgías de alcohol, ácido úrico, grasas trans, nicotina, azúcares y demás yerbas mantienen en vilo a todos y cada uno de los comensales.
 Poderosos sonidos (provenientes vaya uno a saber desde dónde y hasta cuándo) provocan el desenfrenado danzar de aquellos que deciden no tener límites.
 Comer y tomar como si no hubiera mañana es el plan a seguir.
 En todo el mundo se festeja el cambio de año, en Tucumán no. Allí se pone en juego mucho más.
    Miles de personalidades -muchas de ellas reencarnadas en ilustres desconocidos- se dan a la cita para alabar a su líder.
 Desde Alberdi hasta Avellaneda. Y pasando por Roca, Palito Ortega, Mercedes Paz o su tocaya la Negra Sosa, el Paz Martínez, Omar Hasán, Josema Núñez Piossek y hasta el Colorado Kranevitter y Marianela Mirra han dado testimonio de ello. Y volverán a hacerlo.
     Todo es incierto. Reina la confusión. El tiempo se detiene en Tucumán y ya nadie puede decir, a ciencia cierta, en qué día ni en qué año está viviendo...
 En todo el mundo se piensa que el primero de enero es feriado porque empieza el nuevo año.
 En todos lados menos en Tucumán.
 En Tucumán no se piensa.
 En Tucumán se sabe que el Primero de Enero es feriado porque es su cumpleaños.
 En Tucumán se sabe que los años cambian cuando se cumple un nuevo aniversario de 
su nacimiento...
   Miles de contertulios comen, toman, bailan y cogen, sin parar, la nochecita del 31. Y cuando el primer rayo de sol le gana la pulseada a la última estrella, parten en bulliciosa caravana a Simoca, la Meca tucumana, para rendirle pleitesía a su deidad.
  Horas y horas caminando bajo las abrasadoras lenguas de fuego que no sucumben ni frente al más caro de los Sapolán Ferrini.
  Por fin, luego de un extenso rato de padecimiento, insolación, deshidratación y flatulencias, la caravana llega al Olimpo, en el que su Dios continúa su ritual, el de cada Primero de Enero.
 Por alguna mágica razón, los relojes se detienen y es imposible determinar qué hora es. Alguien intenta darle cuerda al suyo pero recuerda que ya nadie usa reloj a cuerda. La llegada del celular nos hizo tan libres que nos terminó haciendo prisioneros.
   Al llegar al final del camino, en donde el mundo parece tener su línea de meta, junto a un desprolijo tablón -cuidadosamente forrado en hule floreado, ubicado bajo la sombra de un frondoso árbol y sobre un par de caballetes menos confiables que el Laucha Luchetti en un partido nocturno- el Baco de Simoca reposa durmiendo la mona entre restos de lechón y cadáveres de tinto tibio.
 Los vasos manchados, el vivo recuerdo de un clericó que no se puede olvidar.
 Miles de moscas danzan desenfrenadas alrededor de la mesa -como danzaban desenfrenados los comensales vestidos de blanco y con oscuros pensamientos la noche anterior- y no hacen mas que enfadar a Troitiño, uno de los perros que reposa (esperando que algún hueso caiga de la mesa) pegado al más endeble de los caballetes.
  El ladrido, profundo, atronador e intimidante, no logra despertar al Gauchito Gil tucumano como sí lo hace la inexplicable tormenta de viento, vino y empanadas de carne cortada a cuchillo que se desata en ese momento.
 El líder mira, escucha y vuelve a mirar a la larga fila de sus fieles.
 Intenta confirmar lo que está viendo quitándose una lagaña con su mano menos engrasada pero el cuero del lechón le juega una mala pasada ,cerrándole definitivamente el ojo, el único con el que ve.
 Un grito lo estremece provocándole una lipotimia de sensaciones: 
 "FELIZ CUMPLEAÑOS, PULGA!! Y QUE VIVA EL FÚTBOL, LA PUTA QUE LO PARIÓ!!"
    Lágrimas buenas de colesterol malo atraviesan la mejilla de  Rodríguez, abriéndole el ojo,  el único con el que puede ver. Y la tormenta de viento,  vino  y empanadas desaparece, perdiendo por goleada ante un bello paisaje de sol y sánguches de milanesa.
 Los relojes vuelven a funcionar y todos saben, en todo el mundo y también en Tucumán, que el Primero de Enero está terminando, que el año de laburo está próximo a iniciar y que ya falta un día menos para el próximo cumpleaños del Pulga Rodríguez...
   
   

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